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Animalarnos

Me siento un animal cuando pasa su mano por mi cuello atragantado de sudor. Estalla en el hueco entre las costillas un motor hecho de retazos, carne, color Malbec, sonido a olas que rugen bien rebeldes. La energía me copta y me convierto en criatura negra con ojos esmeralda y vello de terciopelo.

Devoro de a besos todo lo que en él es comestible. Arranco orejas y pelitos de barba a medio crecer. Muerde en respuesta, ataco doble y lo dejo sin uñas. En trenza de carne humana, así vamos rugiendo de la mesada al sillón. Danza sin tregua, caen libros de la biblioteca, desgranan sus páginas sobre restos de ropa.

Voraz me indisciplino, él quiere poner orden, no cedo. Exprimo piel, lo sujeto de un hueso, repto contra su fémur. Ase el borde de la cama, rayo su pecho con mis dientes. La colcha se desliza, cueva improvisada. No me detiene, la vista no es mi sentido, son las células que vibran las que me llaman y las que comienzo a succionar. Pelos contra mi ombligo, me calzo y voy profundo. Él arremete, dos manos contundentes me apresan, me amasan y exprimen gemidos de mi boca con sed. Amarras no hay, flotamos a medias, inunda la vorágine, vuela una almohada, me revolea, doy vuelta, un vértigo seguro, aterrizo en equis en la cama, veo arriba. Lengua, lengua babosa deja su estela en cada orificio, en una a una concavidad. Hambre, tiene hambre y no va a parar hasta empalagarse. Yo menos. Rujo. Entremezclamos falanges, hacemos una jaula con nuestras garras duras y angulosas. Ojos blancos, sin puntos negros en los centros, sin acuarelas de color, blancura de sinrazón, entiende el cuerpo, la mente está guardada en otro lado, quedó en el dobladillo del vestido, o en el bolsillo de la bermuda.

Me niego a recibir el ataque desde el ras, vuelvo al vuelo, soy yo y vuelo, emerjo, coletazo y estoy al mando, me poso hasta el fondo, arremeto, pego con el hueco de la mano dos hombros convulsos, froto sienes que jadean, apuro el paso con mis patas, me regulo con mis yemas, atrapa mi cadera, moldea, da ritmo, aleteo, ya llego, llega ya, llegamos, centro, cada uno en el propio y entremezclados, fricción, apoyo, me arqueo, latigueo la columna, lo siento, siente, se parte, espasmea, espasmo.

Arraso.

Nada en él permanece.

About the author Soledad Arienza

Me fascinan las cúpulas de Buenos Aires y el hall del Teatro San Martín. Siento predilección por algunas estaciones de la línea A. Me gusta el verano. Amo la papelería, en general, y los cuadernos y libretas, en particular.

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