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Abecedario

Hay ecos de Natalia Ginzburg y su Léxico familiar en este abecedario que recopilo para conjurar la ausencia.

Amistad
Siempre me decías que había que tener buenos amigos y un hobby.
Es 23 de diciembre a la noche y recibo el llamado. Urgente… hizo… Llamá a tus papás. Estoy en camino. Ejecuto. Llamo a mamá. Grito. Llamo a Nuria. Nuria está en camino. Llamo a Vicky. Vicky me contiene por teléfono hasta que llegue Nuria. Llamo a mamá: “Hija por favor tranquila”. Estoy tranquila. Cuidalo a papá. Nuria está en camino. Y Vicky me acompaña. Porque te hice caso. Y tengo los mejores amigos y amigas del mundo. Y Nuria duerme abrazada conmigo. Y a la mañana tiendo redes. Y mensajeo a Manu, a Lucas, a Mariano, a Julia, a Ivana. Y me arman una sillita de oro bien firme para que pueda tirarme encima a patalear y llorar y horrorizarme.

Bombardeo
En el bombardeo de Plaza de Mayo del 55, casi morís. De suerte no te tomaste un tranvía. Esa anécdota te la volví a preguntar en octubre del 2021, cuando festejamos el cumpleaños de papá. Y de nuevo te la pregunté y de nuevo me olvido los detalles. Anoto: preguntar a papá.

Carretilla
Me decías que a las entregas de premios del colegio tenías que ir con la carretilla por todos los premios. Los académicos no importan, me decías, aunque también esos me llevara, los más importantes para vos eran el de mejor compañera y el del lema del colegio, y esos eran los que te enorgullecían y esos eran los que llenaban la carretilla y aunque cada año hacías el mismo chiste, lograbas que pareciera inédito, y yo te miraba con cara de «otra vez la carretilla» y vos con cara de «otra vez los premios, siempre, como cada año, fenómena».

Chistes
Eras así de hacer los mismos chistes, el de los premios y la carretilla, el del gallego al que le preguntaban cómo está y que decía “Aquí, encogiéndome como el jabón”, y ese último lo dijiste hasta la cena en lo de Delfi el 18 de diciembre, unos días antes de decidir terminar ese encogimiento, y lo decías con menos picardía, con más dolor.
Y siempre tenías una historia, para ilustrar un punto decías “como la historia del tipo que…” y siempre había un tipo al que le pasaba algo y siempre me pregunté si esas historias eran reales o inventadas o heredadas o todo eso junto.

Cristales de miel
Y había un recipiente enigmático para la miel, de vidrio troquelado, para miel líquida y sedosa, y yo a los seis años no sabía usar la miel entonces no lo maniobraba, miraba hipnotizada. Como miré toda la vida los cuatro animalitos de cristal de Swarovsky en al aparador: el osito, el pato, el cisne y otro más que no me acuerdo. Cuatro animales que me dejan llevarme a casa ahora, para seguir mirando con menos culpa, con menos flagelo y tal vez con más ternura, con la misma mirada que a los seis, cuando el tiempo era largo y el aburrimiento era el borde de una factura y los viernes eran ir un viernes a tu casa y el otro a lo de Mimí.

Diferencia
A pesar de que nos llevábamos sesenta y cinco años, estabas entre quienes, de esa parte de la familia, más entendía mi forma de ser. Diferente. La que siempre hizo las cosas bastante a contramano.

Errata
La policía escribe mal y anota mal la fecha. Carátula. Fecha. Yo leo con lágrimas y le digo a la policía está mal. La fecha. Corrijo.

Escuela
Al colegio ibas con sombrero. La primaria la hiciste en la escuela de la calle Peña, siempre me la mostrabas.
Casi tenés de profesor de literatura a Ricardo Rojas. También iba con sombrero.
En italiano no te iba muy bien. Decías sorella y sorello y la profesora te quería matar. Te decía: “Arienza, un zero li pende sulla testa”.

Facturas
Los viernes, en tu casa, comía la parte divertida de las facturas, la de la crema pastelera. Mamá llamaba para ver cómo me había ido en el colegio y me retaba, me decía que era de mala educación, que la factura tenía que comerla entera, que no se deja la comida por la mitad, pero vos habilitabas que comiera la parte divertida y dejara la aburrida, te parecía curioso y dedicado, apartar con tanto empeño los bordes, el contorno, eso que a veces me cuesta preservar y que otras , en cambio, marco con demasiado recelo en mi vida.

Globo
Tu amiga Graciela pide el globo terráqueo y eso me hace llorar
los objetos me hacen llorar
se sentaban juntos y se contaban las historias de sus viajes
y me pregunto
por qué yo pedí tan pocas historias
porque las que pedí no alcanzan
por qué no me senté con vos frente al globo terráqueo para que me contaras
como cuando me senté a los ¿seis? años en el sillón en Conesa
y me enseñaste a leer la hora
y fue como mágico
entender de repente un mecanismo
un misterio
la lectura del tiempo
por qué no pedí más historias
por qué no llamé y simplemente pregunté
contame algo de tu vida, lo que quieras
por qué no grabé más conversaciones, tengo solamente una
por qué no transcribí
adónde estaba mirando

Historias
Tengo agujeros en las historias
inventar no me sale hoy
reconstruir tampoco, a medias

Inventario
La policía desprecinta un sobre
y enuncia:
portaanteojos simil cuero color bordó
reloj Casio color plata
portadocumentos cuero negro
pañuelo (ensangrentado)
llavero
y ante la palabra pañuelo lloro
pañuelo y globo terráqueo y tiempo y lloro

Léxico
Decías: “visita telefónica”, “el perro es una fiera”, Canning (en lugar de Scalabrini Ortiz). Decías “un espectáculo”, cuando algo te gustaba mucho. O “qué maravilloso sería que las ciruelas no tuvieran carozo”. Todo eso decías.

Mafalda
Tenías el libro Toda Mafalda y por qué no lo leímos más juntos si te encantaba. Me agarra tortícolis en la voz cada vez que me pregunto por qué no fui más a leerte en voz alta, si es algo que me encanta y es algo que ya casi ni podías hacer, ver, leer.

Memoria
Hago desaforada memoria
digo de memoria, sin repetir y sin soplar como salga todo lo que me acuerdo que me hayas contado. Así lo que falte se lo pregunto a papá. Así pido la reconstrucción del árbol genealógico, ahora que desaparecieron 95 años de historia, ahora que alguien menos en el mundo lleva mi apellido.
Ahora que ya mis cuatro abuelos no están. Ahora que en mí hay una generación caída, en escombros. Ahora que me toca hacerme cargo de más memoria y no sé si esa tarea me va a salir bien.

Meriendas
En secundaria me ibas a buscar a casa los viernes e íbamos a tomar la merienda. Teníamos nuestros lugares predilectos. Y siempre te pedías té con leche, aclarando “la leche fría”. Y no le ponías azúcar porque un día dejaste de hacerlo y te acostumbraste y sentiste que no era necesario.

Narrar
El 29 de septiembre del 2021 fui a buscar a la facultad el Diploma de Honor, justamente el día de tu cumpleaños. Era un regalo de cumpleaños, me decía papá. Y a la tarde fuimos con mamá a verte con una caja de chocolates del Viejo Oso y te pregunté por todas las casas en las que habías vivido, por tus barrios, y tuve la viveza de prender el grabador del celular y dejarlo en la mesita ratona mientras hablabas y captar todo el relato. Y me pregunto por qué eso lo hice tan poco, pero me alegro de pensar que al menos ese relato lo tengo y me digo que ya estos días tengo que pasarlo a la compu, aunque aún no me anime a escucharlo por el efecto que la voz ausente pueda tener en mí.

Nieta felina
Siempre me decías que, de las tres nietas, yo era la más mimosa.
Me decías “flaca”. Y yo te decía “flaco” y nos reíamos. Y te acariciaba el pelo tupido que tuviste hasta recién. Y cuando llegaba a tu casa me acurrucaba como un gato a tu lado y me quedaba ahí, a veces sin que hiciera falta hablar.

Ojos
Y tal vez tenga que pedirte prestados tus ojos que ya no andaban bien para mirarme a mí con esos ojos, con menos nitidez y contraste, ojos hinchados y borrosos. Y tal vez me invente alguna historia que me deje un poco más tranquila o quizás le pregunte a Graciela qué le decías vos de mí y seguro es algo muy hermoso y eso me dé la pauta de que tan mal no hice las cosas, de que fui la nieta que me salió ser, a mi manera, que hice lo que pude y que te quise muchísimo.

Paella
Hacías la paella. No aprendí nunca. Siempre quise y nunca lo logré. Un día, la receta familiar que aprendiste de los padres de Nina, valencianos, se iba a perder. Y ese día llegó.
La paella se pudrió. La preparaste el 23 de diciembre durante el día, para la cena del 24. Y la paella quedó pudriéndose mientras la policía hacía un inventario desproporcionadamente meticuloso, un inventario con errores de ortografía y falta de concordancia. Un inventario que no contempla que con el tajo certero de esa noche se cortó un nervio estructurante de memoria familiar.

Pan y queso
Jugábamos al pan y queso en las tablas de madera de tu living
Me levantabas de los brazos y hacíamos la vuelta carnero en el aire. Yo quedaba divertida y mareada y el living de Conesa se me venía encima y en ese momento que el mundo se viniera abajo parecía divertidísimo.

Papá
El 27/12, cuatro días después del suceso, papá tiene una cirugía grande en el hospital. Mamá le dice por qué no la cancelás con lo que pasó. Papá dice la tengo que hacer, es una manera de decirle, “yo sigo”.
Papá sigue.
Tu hija, mi tía, sigue.
Tus nietas seguimos.
Tus cuatro bisnietos siguen.
Yo soy Soledad y me pregunto si voy a poder.
Pasan casi cuatro meses.
Sigo.

Partida de nacimiento
Tu nombre, Basilio, te lo dieron por tu abuelo. Tu papá se llamaba Maximiano, y en la partida de nacimiento de papá aparece, en el nombre de tu padre, “Maximiliano” y después tachado arriba y corregido con una errata.

Pata
Me ibas a buscar al colegio por la puerta de Thames y en el auto me agarrabas la pata en los semáforos. Yo gritaba “Nina, Nina”, y Nina me rescataba y en cada semáforo hasta Belgrano era el mismo juego, la pata la pata, Nina Nina, la pata, te agarro la pata. Y yo miraba desde atrás, acuclilladita, los anteojos de sol de Nina que tenían una pequeña silueta de Mickey en un bordecito y qué raro una abuela con anteojos de Mickey, era un oxímoron encantador.

Por qué I
por qué
por qué no habilité a escuchar lo mal que la estabas pasando
(¿me lo hubieras contado?)
por qué no me animé a escuchar más
por qué no me animé al dolor

Por qué II
por qué no te conté más
del colegio, mi trabajo
de anécdotas con mis alumnos
por qué no se me ocurrió ir a leerte mis textos. O grabarte mi voz leyendo
por qué escatimé mis historias
y no fui aún más curiosa por las tuyas
y ahora no hay más historias
y las que haya son traducidas
y no sé si me contienen

Vocación
El año pasado, meses antes de decidir partir, me repetiste bastantes veces la anécdota en el Globo, cuando terminé quinto año. La madre de alguno de mis compañeros dice qué vas a estudiar, digo Letras y la cara de la mujer se desploma de desilusión porque qué desperdicio, cómo no va a estudiar Medicina como la madre, Odontología como el padre, o algo útil, o algo redituable, o algo… algo más, algo tipo Economía, qué pérdida Soledad estudiando Letras, un verdadero desperdicio, qué pena. En el 2021 me repetiste esa anécdota varias veces, en distintas visitas telefónicas y presenciales, y en todas las narraciones destacabas mi seguridad, cómo con diecisiete años no me había amedrentado la actitud de esa mujer. Hoy pienso si no había algo a propósito en el relato una y otra vez de lo mismo, en contar esa precisa anécdota el año en que ibas a decidir dejarnos. Porque narramos lo que necesitamos o lo que nos sale, y si te salió eso, hoy elijo leerlo como un regalo, como un recordatorio, una adenda, un don. Una alarma que me recuerde aquello de lo que soy capaz, para que cada vez que alguien opine acerca de mis elecciones de vida, tu voz me susurre que puedo seguir siendo diferente.

About the author Soledad Arienza

Me fascinan las cúpulas de Buenos Aires y el hall del Teatro San Martín. Siento predilección por algunas estaciones de la línea A. Me gusta el verano. Amo la papelería, en general, y los cuadernos y libretas, en particular.

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