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ManíaKane

En Eros el dulce-amargo, Anne Carson dice que Sócrates decía que la manía erótica es valiosa, que hace volar el alma. ¿Cómo se despierta el frenesí por una autora? Acá narro mi encuentro con Sarah Kane, un rapto casi erótico, una ficción.

Ph: Klaudia Piaskowska on Unsplash

2013. Enero. Londres. Southbank. Librería del National Theatre. El teatro, un monstruo como el que Testa dijo que quería hacer en medio de Recoleta y, hola Biblioteca Nacional. Esa anécdota me la contaron, no sé si será verdad. Lo monstruoso brutal brotando del barrio más paquete de la ciudad de Buenos Aires. Me atrae el concepto. Ese monstruo me fagocita durante el CBC y los primeros años de facultad. Con Manu nos vamos ahí a delirar sobre nuestros primeros encontronazos con la melancolía. Vemos a los amantes, vemos a los estudiantes de Proyectual dibujando con lápiz. Vemos caer el sol hasta que la punta de los dedos se nos congela. Nos reímos de la señora que juega al bowling. Tiempo después me cuentan que esa señora es Eva Perón. Sigo pensando que su pose no es otra que la de un tiro en Paloko.

Vuelvo a Londres. El National Theatre, otra brutalidad estampada en una ciudad. Me atrae tanto como la biblioteca, me hipnotiza. Es liso, es contundente, es teatro apabullante, no pituco como el Old Vic. Me pego a una de sus paredes y me deslizo en su aspereza. No tengo éxito en la boletería hoy. Ayer vi El jardín de los cerezos. Hoy vuelvo para comprar entradas para una obra que me interesa más que la de Chéjov, de la cual ocho años más tarde ignoraré el título. Como desquite, me voy a la librería del teatro. Me merezco un premio. Un premio por haber llegado tarde. Años más tarde no voy a recordar la librería por dentro, aunque me gusta imaginarla lisa y gris, con algún otro hueco para esconder una angustia. Recorro y en uno de los estantes cercanos al piso lo veo: Complete Plays. Sarah Kane. Llevo, este llevo sin conocer. Sabiendo que es el libro para mí. ¿Hojeo? No me acuerdo. Sólo sé que empatizo con la oscuridad que pesa en ese libro.

2014. Abril. Buenos Aires. Caballito. Facultad de Filosofía y Letras, UBA. En una de las aulas nuevas del segundo piso empieza el seminario “El imaginario melancólico en la literatura inglesa”, a cargo de Elina Montes. Leo el programa con detenimiento por primera vez. “Unidad V: Expresiones de la melancolía en el siglo XX: Beckett y Kane”. Recuerdo el libro. Y quiero. Sé desde ese primer día de cursada que los textos de Kane van a ser el eje de la monografía con la que apruebe el seminario. Lo sé antes de haberla leído. Curso. Leo otros textos. Escribo una ponencia para un congreso. Siete años después, la ponencia devendrá video. En el verano del 2015 escribo mi monografía. Apruebo con nota alta. Eso no importa. Lo vital es que empieza el camino que modulo hasta hoy.

2021. Mayo. Buenos Aires. Casa. Recaigo en Kane cada vez que necesito habitar la melancolía que se me suele abalanzar. La leo, la hago texto. La mantengo a raya. Para que su deseo no me desborde.

About the author Soledad Arienza

Me fascinan las cúpulas de Buenos Aires y el hall del Teatro San Martín. Siento predilección por algunas estaciones de la línea A. Me gusta el verano. Amo la papelería, en general, y los cuadernos y libretas, en particular.

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