Close

Partida de nacimiento

Caminás y te perdiste. En calles conocidas, buscás perderte hacia atrás. Porque sí.

Ayer me perdí en Almagro, en calles en diagonal, en cruces raros rotondas, en un atardecer de hojas mareadas


en las letras cruzadas en libros hojeados en una librería de fachada azul


en las puertas largas oblongas de las casas


en dos zaguanes:

uno con una bicicleta infantil y blanca, con flecos

otro con un paraguas sin máquina de coser


en un patio que parecía sacado de una historia contada por mi abuela, un patio con veintitantos timbres y una planta
un patio con algo rojo que ahora no recuerdo qué es
en Almagro con una bicisenda descosida
en Almagro en el borde de Palermo, por Gascón y después Aráoz
en Aráoz en una esquina donde hay una casa que parece un palacio
uno sacado de la era de las Ocampo, con un adorno de flores rojas como un prendedor de fuego. Como un labio rojo carnoso que pende y se deshace hacia abajo
fue una hora de pérdida y fue irme a 1940 o antes
a la fecha de la partida de nacimiento de mi bisabuela, 3 de octubre de 1901
a esa fecha me fui desde dos zaguanes

a esa fecha me disparé.
me quedé ahí hecha flecos fracturada mientras pasaba lo contemporáneo

partir es irse y también quebrarse. Huir en partes. Parir-nacer.
y yo mirando tras el cortinado esperaba que de allí saliera alguna mujer que conozco, que ya no está conmigo pero que amé mucho
que vinieran esas personajes y me tiraran del brazo como un espectro

pero no llegó nadie de nadie entonces imaginé y me fui para atrás bien para atrás como ahora, me fui a una tormenta en la calle Ayacucho en diciembre de 2011 y de ahí a un tal Osvaldo haciendo una cirugía sin anestesia en la mesa de un comedor y después a un álbum de fotos de pareja en el que ella era “Mamaracho” y de ahí al momento en que mi abuela se sentó en un cordón de Floresta con sangre entre las piernas y pensó que estaba muriendo y de ahí a la piedra pequeña que cargo enquistada como un amuleto y que me encorva

que se suaviza y se vuelve un mimo mientras me parto en degradé en un zaguán ajeno y pienso en ese linaje que desprendo en cada aliento y que me calma.

Como me calma caminar por las calles cansadas de los primeros días de primavera como me calma ir a librerías y mecerme ahí, hojeando y pispeando, en un recreo de lectura y escritura, en una pausa en la que miro a la literatura desde afuera, esta literatura que me hace lo que soy hoy que me tuerce y no me deja vivir si pensar un segundo que me estupefacta a cada minuto que me vive.

About the author Soledad Arienza

Me fascinan las cúpulas de Buenos Aires y el hall del Teatro San Martín. Siento predilección por algunas estaciones de la línea A. Me gusta el verano. Amo la papelería, en general, y los cuadernos y libretas, en particular.

All posts by Soledad Arienza →

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.