Close

¿Vos ves volar pájaros de otoño?

Este texto resultó seleccionado en el concurso CDA- Pequeños relatos.

“No vemos ciudades, vemos ficciones de ciudades.
Nunca conocemos realmente los lugares por las vidas de sus habitantes.
Las conocemos por su producción ficcional”.

Cineastas, Mariano Pensotti

En tinta china – negro sobre azul opaco-, pájaros. Van reiterados, apuntan sus picos seriales hacia arriba o abajo, es indistinto, siempre, sí, en la misma dirección. Los empecé a ver el mes pasado desde mi escritorio y salí al balcón para acercarme a la impresión de que fuesen tangibles, no pixelados, en recuadro, como suelen ser las imágenes que veo últimamente. Se congregan en pleno vuelo alrededor de las seis y algo de la tarde, cuando todavía es de día pero ya no tanto. Al principio es un grupo contenido, ¿treinta?, después se multiplican. Acaparan. La bandada primigenia fagocita a todo grupúsculo más o menos independiente que ande dando vueltas por la misma cuadra de cielo. No se acepta una respuesta negativa ante la orden de sumarse, está mal visto andar de a pocos, en intimidad, con la pájara o el crío, o con un grupo selecto de amistades.

La soledad parece ser en ellos el crimen más imperdonable, al solitario se le inyecta el peso crujiente de la bandada. El grupo lo detecta, forcejea las alas, bate de más el aire y acorrala. De repente se vuelve imposible resistir a la presión colectiva que viene a toda velocidad, hay que incorporarse sombríamente o caer en picada al asfalto. Intentar volar hacia atrás lleva al propio homicidio, lo hizo una pareja de zorzales y ambos se desangraron en la antena de una usina a causa de los picotazos de la muchedumbre. El desvío es imposible, el grupo de vuelo cronometrado engancha, es un imán en forma de U que somete y atrae a todo el que intente seguir una ruta propia. No queda otra que empezar a volar con el conjunto.

“De a todos o acá no vuela nadie”, parece decir un líder ausente. El círculo se agranda, mi porción de cielo es ahora más negra opaca que azul. Ondas los mueven, olas profundas, coreografiadas, esto tienen que haberlo ensayado antes. Prolijos y asépticos, no conocen el desplume, ni el arrebatarse un gusano del pico, ni el boludear un poco con el de al lado en pleno vuelo, ni jalarle el ala o picotearle al compañero la cabeza en señal de afecto. Van en fila, ahora lo veo bien, es una fila circular, un caos controlado, curvatura recta y estricta. Ni encimados ni distantes: lo primero sería antihigiénico y poco mesurable, lo segundo revelaría una disgregación del conjunto, un patrón de vuelo multicolor en contraste con la opacidad del resto.

Los registros que comencé a anotar hace dos semanas en una plantilla de Excel me revelan que estos paseos son rutina. No suceden ni de día completo ni de noche, el atardecer es el momento más difuso, más permeable a este tipo de maniobras colectivas orquestadas. De día serían muy visibles para la gente de los edificios, de noche se corre el riesgo de que alguno se camufle con el iris que es el cielo a esa hora y se fugue. La tardecita de otoño es lo mejor: los vecinos están cada uno en su cubículo, hacen gimnasia por YouTube o con una cinta alquilada, ayudan a sus hijos con la tarea virtual, ven TV, leen, pispean las redes sociales. Algunos preparan la cena, otros se bañan o lavan ropa, leen o tienen videollamadas. Nadie está mirando por la ventana, total, para lo que hay que ver…

Sin miradas ajenas, sin luz que delate el vuelo desvitalizado, ese es el mejor momento para sacar a la bandada de su escondite y dejarla desplegar sus alas como si se estuvieran viendo a sí mismos dentro de una vidriera. Aunque es para la foto, un vuelo- pose plastificado, funciona, libera tensiones, y genera en las aves cierta mímica de libertad.

Lo de esta tarde fue distinto. 18:06 y la nube negra y hueca apareció, onduló entre los edificios de la cuadra en esa mascarada de elegancia que toma la mordaza. Hasta ahí, nada fuera de esquema. Otros grupitos desprevenidos fueron apareciendo. Me dieron pena, unos segundos y devinieron calco del conjunto. Solo unos segundos de vuelo auténtico y zás, unificación, conquista de los intersticios del murmullo. Este nuevo gran grupo seguía, daba una vuelta y otra, una más para dar apariencia de novedad a lo mismo. No aclaré que cuando los sacan a pasear, hacen eso, los vuelan en geometrías difusas para que cada pájaro tenga la sensación de que es un vuelo espontáneo y cambiante. El gasto de energía, la pérdida de peso y el millaje están calculados. Los itinerarios están preestablecidos y se evita hacerlos sobrevolar sectores de la ciudad que puedan inspirar a la rebelión (plazas con árboles tupidos, cúpulas del centro, terrazas peladas, galpones grafiteados, ese tipo de espacios). 18:30, la sombra picoteada se dispersa, se dirigen a cruzar otro barrio hacia el destino final, el confinamiento en nidos de vidrio. Algunos soñolientos, otros más apurados, todos vuelan hacia el sur. Se termina mi espectáculo diario, es hora de abrir el Excel y completar el registro de lo que fue la tarde.

18.32: me estoy dando la vuelta, ya es casi de noche y además me agarra frío, a esta altura de mayo ya hay que salir con algún abrigo porque empieza a hacer fresco, podría darme una ducha o retomar la novela de Perec, y de repente lo veo veloz y retobado. Unas alas se apartan del conjunto, la alfombra carcomida formada por todas las otras alas se va para el sur y este apunta en cambio al norte, vuela veloz y hace un giro. ¿Es la oscuridad o lo veo venir hacia acá? Más grande, cada vez un poco más lejos del grupo y más grande. Veo con una nitidez tallada una silueta negra que se ensombrece más cerca, ya va por el edificio de enfrente, lo pasa, en simultáneo veo que el conjunto vacila, se detiene, se dieron cuenta, saben que uno se separó, amaga el grupo con ir al norte, decide (es un decir, le ordenan) seguir su rumbo, ir en busca del rebelde es un riesgo muy grande, puede inspirar a otros a la fractura, no, que se separe el loco, que pague su deseo de soledad, no va a llegar muy lejos.

Vuela ffffffiúuuum, vuela, la velocidad aumenta, aumentó ¿o es la cercanía la que acelera? Lo veo dar un giro a la izquierda, se va a chocar con el edificio en diagonal a mi balcón, choca contra la ventana de un tercer piso, lo veo desde mi observatorio casero, choca y resbala. Aletea y se mantiene a flote, picotea, picotea el vidrio, no hay luz en ese departamento pero tampoco está oscuro, hay una resolana artificial, luz de monitor, nadie sale, nadie se percata de que un pico llama a la ventana, se da la vuelta y sigue vuelo, gira otra vez en la dirección primera y estoy yo, estoy yo en su ruta desesperada, quiero susurrarle que venga, que aterrice acá, en mi balcón, que yo lo miro, lo estoy mirando, lo espero.

Vuelve al vuelo y va descendiendo, baja, solo cuando está bien cerca me percato de la fuerza con la que insiste en su esfuerzo, voy para atrás y entro en mi departamento, cierro la ventana pero no del todo, que venga, que me vea, lo veo, se viene, aletea, el pájaro es pequeño y con una panza y aletea, es menos de un segundo que se despliega, lo recorro y llego a ver sus escoriaciones, su pata atravesada por algo plástico o fosforescente o llamativo y es menos de un segundo y se acerca y se estrella.

Su cola se levanta un poco y resuena en el piso del balcón. El aleteo ya no existe. ¿Tendría que estar viendo un salpicón de pluma y sangre? No hay mugre, no hay cuerpo desmembrado. Vuelvo a abrir la ventana, esta vez completa. Pongo un pie afuera, lo vuelvo a entrar. Busco los guantes de cirugía que tengo en el baño. Me los pongo, por las dudas. Ahora todo se hace así, por las dudas. Salgo, ¿se mueve? ¿Respira? Son los pasos que me enseñaron en el taller de RCP. No se mueve. No respira. Lo toco con el índice, apenitas. No rebate las alas, no nada. Con una especie de pellizco lo doy vuelta, se me pone la piel de gallina, me tiemblan los dedos, es marrón con rojito. Lo toco. No es blando. Pero tiene panza, ¿no tendría que ser mullido? Lo agarro como juntando agua con los talones de las manos. Es duro. La punta de las alas pincha. Las alas son rígidas y articuladas, hacen crack cuando las muevo. En la cabeza siento algo punzante. Froto la panza. Miro la cara. No soy experta en pájaros pero este pico no es de ave, eso seguro. Lo fuerzo un poco y cede. Hay una luz roja que titila, debajo un ojo negro, espejado y largo, más hacia la derecha, un hueco, una forma de hueco que ya vi antes, como los huecos que tiene mi notebook a los costados. Froto las alas, la pancita dura, el lomo. A la altura de la cola, una especie de cierre, un precinto. Meto dientes y lo rompo. Arranco el pelaje, esa plumada trucha, le saco al pájaro su careta inocentona, su disfraz. Al piso con rabia, pisoteo las plumas de plástico, el artificio. Toqueteo la estructura, cuatro brazos articulados de araña, dos alas, cola y cabeza que son hélices de algo como un helicóptero infantil. Ojalá esas patas con varillas giratorias fueran un juguete, no son inocencia. La posibilidad de esa hélice, de ese hueco USB, de ese ojo negro que adivino cámara me rasguña los huesos del pecho. Veo la cámara central con la luz roja por delante, titila. La escupo, le grito descuajeringada, la tiro al piso y le salto, me hago rabia en ella, rasguño con yemas, con el codo, con mi piel extensa, con los caninos y yo entera. No se cansa, sus secciones rotas me apuntan y radiografían. Fragmentado, incoherente, el destello no se rinde. Me dispara en la médula de mi existir, constante. Aún destrozado, el drone prosigue su vigilancia.

Leído por Julia Amore

About the author Soledad Arienza

Me fascinan las cúpulas de Buenos Aires y el hall del Teatro San Martín. Siento predilección por algunas estaciones de la línea A. Me gusta el verano. Amo la papelería, en general, y los cuadernos y libretas, en particular.

All posts by Soledad Arienza →

5 Comments

  1. ¡¡¡Felicitaciones!!! y GRACIAS por compartirlo. Y voy a escribir lo mismo de siempre QUE LINDO es leerte… Un beso enorme.

    Responder

  2. Hermoso. Simplemente, hermoso. Besos, Sole!!!!

    Responder

  3. Me encanta Sole, un gusto enorme leerlo. ¡Enhorabuena!

    Responder

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.